Construyes tu camino lo mejor que puedes.
Sin molestar a nadie, sin mirar atrás, superando obstáculos...
Alguien se cruza en él.
Comienzas a construir fortalezas, intentas protegerte.
Ese alguien las destruye, te demuestra que no debes tener miedo.
Acabas con esas murallas, las cambias por cimientos para construir el más seguro de los castillos.
Ese alguien te ayuda, te da las armas y la seguridad para poder seguir.
Y el día menos pensado, ese alguien, te muestra la realidad.
Un castillo de naipes que apenas se aguanta y tú estás en lo más alto.
Es inevitable caer...
Cuando caes, acabas reventado por dentro.
Debes curar tus heridas y buscar de nuevo tu camino.
Pero las cicatrices nunca se borran.
J.