Todos hemos sido falsos en alguna ocasión y todos hemos padecido la falsedad de otra persona. Siempre es quién menos te lo esperas el que te trata así. Se gana tu confianza y entonces... ZAS!
Si eres medianamente fuerte dejarás el asunto a un lado y seguirás tu camino, si, por el contrario, eres débil y te tomas la amistad demasiado en serio... estás perdido. Por que entonces empiezas a preguntarte si la culpa es tuya, si es que eres muy mala persona y te mereces estas cosas. No, nadie se merece que un amigo se la juegue así.
¿Pero, y si no dejas de tropezar una y otra vez con la misma piedra? ¿Creemos que a la quinta, sexta, séptima u octava vez, esa persona va a ver lo buenos que somos y va a dejar de hacerte eso?
Pues no... siempre esperamos una novena y una décima antes de mandarle a tomar viento. Y entonces es cuando haces pagar a justos por pecadores. Te obcecas en que todo el mundo es cruel, en que no hay ni un solo amigo bueno en el mundo y lo que pasa es que dejas pasar a gente que de verdad merece la pena.
Dicen que cuando se cierra una puerta se abre un ventanal... ¿Por qué nos empeñamos en cerrar los ojos y no querer ver lo que hay delante? ¿Es más fácil lamentarse que seguir las nuevas oportunidades?